Lectura dominical

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Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceara por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho,
no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra,
y sus leyes que esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia,
te he cogido de la mano,
te he formado, y te he hecho
alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

NOTA: En este ciclo B el Calendario litúrgico de la Conferencia Episcopal Española indica otra primera lectura que puede utilizarse también: Isaías 55, 1-11. El comentario bíblico de fr. Miguel de Burgos analiza esta lectura alternativa.

 

Salmo

Sal 28, 1a. 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.

NOTA: En este ciclo B el calendario litúrgico indica otro salmo que puede utilizarse también: Sal: Is 12, 2-6.

 

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
– «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

NOTA: En este ciclo B el calendario litúrgico ofrece otra segunda lectura que puede utilizarse también: 1 Juan 5, 1-9. El comentario bíblico de fr. Miguel de Burgos analiza esta lectura alternativa.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:
«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

Oración final (Conducido al desierto)

Tierna fidelidad
es lo que nos propones a cada uno de nosotros
mientras en la fila esperas
que te volvamos a bautizar.
Al pretender negarnos,
sólo nos miras
para volver a lavarnos los pies.

¿A dónde nos quieres llevar?
¿Qué nos quieres mostrar?
¿Por qué conviene que así suceda?

En los desiertos te vas dejando moldear
buscando el último lugar entre los últimos
para gritar en silencio y mostrarnos:
«el Camino, la Verdad y la Vida».
Un hijo atento a los deseos del Padre.

Se quiebra el cielo
para que el Reino entre en la historia.
Soplo de vida lanzado al viento
y de nuevo conducido
al desierto
para ser tentado.

(Marcos Alemán, sj)

 

Oración final (Coloquio de perdón)

Qué bien sienta escuchar en tu adentro:
«tus pecados quedan perdonados»!
Y saber que es verdad.
Que tu corazón queda más blanco que la nieve.
Que las lágrimas por tus errores
riegan nuevos campos de flores.
Que la piedra en la que tropezaste
se convierte en parte de tu reconstrucción.
Que la oscuridad de tu alma agitada
se torna en amanecer prometedor de luces claras.
Que tus parálisis y estancamientos
se tornan en rutas y veredas por recorrer.
Que tus ciénagas interiores
se transforman en parques donde tu niño interior quiere salir a jugar.
Que tu barro agrietado,
el Buen Alfarero lo amasa hasta sacar la vasija más hermosa.
Que tus muros derruidos,
el Buen Arquitecto los utiliza para levantar una fortaleza inexpugnable.
Que donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia.
Sí. Así es tu perdón, Señor,
cuando se derrama sobre nosotros.

(Fermín Negre)

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