Una reflexión para cada día de Cuaresma: jueves 12 de marzo

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«En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: Habla un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.” El rico insistió: “Te ruego entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.”

El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.” Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. Lc 16, 19-31

El hambre es la vergüenza de los pobres, la sordera de los ricos y la sonrisa de los comerciantes. Al lado del hambre hay hoteles, restaurantes, frigoríficos, neveras, hipermercados… Se celebran reuniones, fórums, simposios sobre la gente hambrienta. Se valora, se aprecia, se deprecia, se compra, se calcula, se vende el hambre, la feria del hambre.

La glotonería pasa hambre, los hambrientos no quieren, no tienen, no desean, no regalan el hambre.

Los hambrientos son unos egoístas, solo quieren el hambre para ellos. Los epulones no saben que es el hambre ¿De qué se quejan los hambrientos? Siglo XXI, siglo de derroche, siglo de necesidades. Siglo de las vergüenzas… Siglo de estadísticas de toneladas de comida que cada día van a la basura en hoteles, restaurantes, reuniones, celebraciones públicas, populares, festejos… ¡Cuánta comida va de las casas particulares a los contenedores! Quien no derrocha no es gente importante. ¿Qué sabe un hambriento de jamón de jabugo o de Guijuelo? ¿Qué sabe de las cien formas de cocinar el bacalao? ¿Qué sabe del caviar de beluga? Ni de los champanes de Bourdeos… ¡Si les falta el agua!

A veces parece que pensamos que lo que más le gusta a la gente que pasa hambre es no tener que comer, lavarse ni limpiarse. Y no desgastar los dientes. (Burgos M. A. Homo Gilipollensis. Huerga Fierro editores. 2009, pag.37)

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